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lunes, 27 de junio de 2011

De profetas y profecías


Un sencillo pescador de Sicilia pescó un enorme salmón que al ser destripado mostró en sus entrañas un ánfora dentro de la cual se encontraba un manuscrito escrito en un extraño lenguaje cuyo parentesco con el antiguo etrusco quedó rápidamente demostrada.

Tal extraordinario hallazgo llevó rápidamente a que los lugareños -y luego se sumaron periodistas de todo el orbe- divulgaran las llamadas “profecías del pescado muerto” cuya exactitud sorprendió dando lugar a todo tipo de festejos y artículos de los médiums y demás creyentes en las habilidades proféticas que –dicen ellos- han quedado ampliamente ejemplificadas y demostradas a lo largo de la historia.

Vistas las dificultades de traducción de una escritura tan antigua –realizada por una persona de un pueblo cuya cultura era tan ajena a la nuestra- el vuelco de los “dichos del pescado muerto" al español no es tarea sencilla así que daremos los significados más probables y -entre guiones- añadiremos otros sentidos posibles.

Del estudio de los eruditos en dialecto etrusco medio, surgió que en el texto hallado se mencionaba que: una ciudad -o pueblo o región o sitio de pasturas o encuentro de caminos- sufriría el asentamiento -o invasión o estancia corta o invernada- de una a entidad -o peste o plaga o pestilencia o enfermedad contagiosa o emanación putrefacta- cuyos efectos sobre la salud serían –en lo mediato o inmediato o en el largo plazo- deleznables -o humillantes, sucios, desagradables o mortíferos- en un sitio cercano a montañas –o sierras o elevaciones o cordilleras- y no lejos del mar –o del  océano o lago o río grande o nevado- en un plazo que podría ser de meses, años o décadas o siglos

De tan amplia traducción, resultan “eventos predichos” en la profecía cosas tan diversas como las siguientes:

-Al pie de las sierras bajas, los cultivos de la ciudad de Carmona fueron atacados por un enorme enjambre de langostas.
-El verano en la ribera del Río Grande fue insoportable por el hedor de las emanaciones sulfurosas que provocaron toses incontenibles en quienes las aspiraban.

Luego, los creyentes pueden alabar las inmensas virtudes proféticas del “manuscrito del pescado muerto” pues además de los ejemplos citados, bien se puede corroborar que en el mismo se  predijeron “con abundancia de detalles y sin margen de error” cosas como:

-         El tsunami que asoló a Japón
-         El terremoto de Chile
-         La invasión de cenizas volcánicas en el sur de la Argentina
-         Los incendios de Libia producto de los bombardeos de la OTAN
-        

¡Así son todas las profecías! Ya sean las de Nostradamus o las del “pescado muerto” siempre son ambigüedades que algún traductor o intérprete se ocupa de demostrar que resultan acertadas descripciones de lo que efectivamente ocurrió, adivinadas décadas o incluso siglos antes de que se produjeran los acontecimientos.

¿Cuántas “profecías” creen ustedes que pueden obtenerse o deducirse de un mensaje con tantas posibilidades en su traducción? ¿Un centenar? ¿Un millar? ¿Más aún?
¡Arriesguen!